Proclamations for Christmas and Pascha

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BARTOLOMÉ
POR LA MISERICORDIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA
NUEVA ROMA Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A TODO EL PLÉROMA DE LA IGLESIA,
GRACIA, PAZ Y LA MISERICORDIA DEL SALVADOR CRISTO NACIDO EN
BELÉN

Hermanos e hijos amados en el Señor,

Ha brillado el santo y gran día de las Navidades, la Metrópolis, es decir, la madre y la raíz de todas las fiestas, y nos invita a todos a la resurrección espiritual y al encuentro con "el antiguo de los días" que se hace infante por nosotros.

"Por la complacencia de Dios y Padre", como subraya el sacro Juan Damasceno, "el Hijo Unigénito y Verbo de Dios y Dios, el que era en el seno del Padre, el consubstancial al Padre y al Espíritu Santo, el que está antes del tiempo, el sin principio" desciende hacia nosotros sus siervos "y siendo Dios perfecto, se hace hombre perfecto, y es realizado lo más novedoso de todo lo nuevo, lo único nuevo bajo el sol."  Esta encarnación del Hijo de Dios no es un mero simbolismo, como son las encarnaciones de los diversos "dioses" de la Mitología, sino una realidad, realmente la nueva realidad, lo único nuevo bajo el sol, que se realiza en un momento histórico concreto, en el tiempo del emperador Octavio Augusto, hacia el 746 (con los nuevos datos astronómicos) desde la fundación de Roma, en el contexto de un determinado pueblo, del judío, "de la casa y de la patria de David" , en un lugar concreto, en Belén de Judea, y con un objetivo muy preciso: "Aquel se hizo hombre para que nosotros nos hiciéramos dioses" , de acuerdo a la concisa sentencia de Atanasio el Grande.

Este hecho de la encarnación del Dios-Logos nos da la oportunidad de alcanzar los extremos de nuestros límites, los cuales no se identifican más ni con "el bueno y bello" de los antiguos helenos, ni tampoco con la "virtud" y  la "justicia" de los filósofos, ni con "la paz" del nirvana budista, ni con la trascendencia del "destino" o con el llamado "karma" a través de continuos cambios de formas de existencia, ni con la "armonía" de los componentes contrarios de alguna fantástica "fuerza vital", ni con alguna otra cosa, sino que es la trascendencia ontológica de la corrupción y de la muerte a través de Cristo, nuestra centralización en la vida divina y en su Gloria, y nuestra unión de acuerdo a la gracia a través de Él con Dios Padre en el Espíritu Santo. Estos son nuestros últimos límites: la unión personal con el Dios Trino!  Así, la encarnación de Cristo no nos promete una bienaventuranza quimérica o una eternidad irreal, sino que nos ofrece "en la mano" la posibilidad de la participación personal en la vida divina y en el amor de Dios, en una interminable intensificación. Nos concede la posibilidad no solamente de "disfrutar de la filiación" , sino de constituirnos en "participantes de la divina naturaleza" .

Por supuesto, dentro de la confusión mundial y de la crisis de nuestros días, estas verdades suenan extrañas. La esperanza de la mayoría de los hombres colocada en deidades intramundanas es desmentida diariamente de manera lamentable. La persona humana es humillada y sufre en medio de números, maquinarias, ordenadores, bolsas y multicolores banderas de posibilidades ideológicas vacías. La naturaleza, pues, es ultrajada. El medio ambiente sufre. Los jóvenes se desilusionan y se levantan protestando por las injusticias del pasado y por la inseguridad del futuro. "Oscuridad, tiniebla, tormenta, fuerte voz"  dominan en nuestro mundo y da la impresión que amenaza con esconderse la luz de la brillante esperanza en Belén y con ocultarse el himno angélico de la alegría universal:"gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz y en los hombres buena voluntad" . Sin embargo, la Iglesia, que llama a todos a una prudente reflexión, a la reconsideración de las prioridades de la vida, y a la búsqueda en la persona del "otro" de las huellas del valor de todo respeto por la imagen de Dios, no cesará de proclamar con toda la fuerza que le confiere su experiencia de más de dos mil años que el niño recostado en el pesebre de Belén es "la esperanza de todos los confines de la tierra" es el Logos y la entelequia de la vida, es la salvación, que  envió Dios a su pueblo, es decir a toda la humanidad.

Proclamando estas reflexiones con mucho amor desde la martírica cátedra de la Santa y Grande Iglesia de Cristo en Constantinopla hacia todos los hijos del Patriarcado Ecuménico esparcidos por el mundo y hacia todo hombre con sed de Dios, invocamos sobre todos la complacencia, la paz, la gracia y el don salvador del Hijo Unigénito de Dios, por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendido de los cielos y encarnado del Espíritu Santo y María la Virgen y hecho hombre, a Él la gloria, el poder, el honor y la prosternación conjuntamente con el Padre y el Espíritu Santo, por todos los siglos.

Fanar, Navidades de 2008.

+BARTOLOME DE CONSTANTINOPLA
Ferviente intercesor ante Dios de todos vosotros.