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Interviews with Ecumenical Patriarch Bartholomew

Su Toda Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé: El Patriarca de la solidaridad

© Sean Hawkey/CMI

(Courtesy of the World Council of Churches)

22 de Diciembre 2016

Versión en español publicada el: 29 de Diciembre 2016

por Marianne Ejdersten*

Se ha ganado el apodo de “El Patriarca verde” por ser un líder religioso preocupado por los alarmantes problemas medioambientales desde hace al menos dos decenios. En 2008, la revista Time incluyó a Su Toda Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé entre las cien personas más influyentes del mundo, por “definir el ecologismo como una responsabilidad espiritual”.

El papel del Patriarca Ecuménico Bartolomé I, como principal líder espiritual del mundo cristiano ortodoxo y como figura transnacional de importancia mundial, adquiere cada vez más relevancia. A principios de este año, el Patriarca Bartolomé desplegó grandes esfuerzos para organizar el Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa en Creta. Continúan asimismo su labor promoviendo la libertad religiosa y los derechos humanos, sus iniciativas para fomentar la tolerancia religiosa entre las religiones del mundo, además de su trabajo por la paz internacional y la protección del medio ambiente. Se le sitúa justamente entre los principales visionarios, pacificadores y mediadores del mundo, como apóstol del amor, de la paz y de la reconciliación.

Veinticinco años como Arzobispo de Constantinopla y Patriarca Ecuménico

El Patriarca Ecuménico Bartolomé, Arzobispo de Constantinopla, concedió una entrevista especial a las Noticias del Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Parte de la conversación tuvo lugar en el Patriarcado Ecuménico de Estambul, a principios de diciembre, cuando el secretario general del CMI, el Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, se reunió con el Patriarca Bartolomé. La reunión coincidió con la celebración de los 25 años del Patriarca Bartolomé como Arzobispo de Constantinopla y Patriarca Ecuménico.

Nos reunimos en la oficina de su domicilio, una habitación cálida y acogedora, decorada con colores vivos, llena de libros e imágenes. La estancia narra la vida de Su Toda Santidad. Nos recibe calurosamente, ofreciéndonos café y pasteles. En seguida hace que nos sintamos bienvenidos.

El Patriarca Ecuménico Bartolomé nació en 1940, como Demetrios Archondonis, en la isla de Imvros (hoy, Gokceada, Turquía). En octubre de 1991 Bartolomé fue elegido 270º arzobispo de la iglesia fundada hace 2.000 años por San Andrés, para servir como Arzobispo de Constantinopla, Nueva Roma y Patriarca Ecuménico.

P: Hace muchos años que Su Toda Santidad participa en el Consejo Mundial de Iglesias, como miembro de la Comisión de Fe y Constitución, pero también como antiguo alumno de Bossey. ¿Cuáles son sus principales impresiones sobre el movimiento ecuménico?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “Efectivamente, hemos participado en el Consejo Mundial de Iglesias desde el inicio mismo de nuestro ministerio, y posteriormente hemos sido miembro de su Comité Central y su Comité Ejecutivo, y también de su Comisión de Fe y Constitución durante 15 años, en la que ocupamos el cargo de vicemoderador durante ocho años (1975-1983). De hecho, desempeñamos la labor de vicemoderador de esa Comisión durante la elaboración del documento sobre Bautismo, Eucaristía y Ministerio, en que la ortodoxia tuvo una profunda influencia. También hemos participado, ya sea como representantes o como jefes de la delegación del Patriarcado Ecuménico, en tres asambleas generales del CMI: Uppsala (1968), Vancouver (1983), y Canberra (1991).”

“Ya nuestros estudios de postgrado nos habían expuesto a la iglesia católica en Roma y en Munich, y también a las iglesias protestantes, y, de forma más general, al movimiento ecuménico en Bossey, con teólogos tan destacados como el difunto Nikos Nissiotis. Sin duda, debemos esta formación a nuestro venerable predecesor, el Patriarca Ecuménico Atenágoras, quien abrió los corazones y las mentes de los jóvenes seminaristas y clérigos del Fanar a las relaciones y al diálogo entre cristianos”.

“Transforma la oscuridad en luz”

P: Nuestro mundo está cambiando rápidamente. Vivimos tiempos difíciles, pero el creyente sabe que el Señor está presente y activo en el mundo. ¿Cuál es el mayor desafío en la actualidad para la vida de fe y la proclamación del Evangelio?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “Estos son ciertamente tiempos difíciles, e incluso oscuros, en que discernir la presencia de Dios en medio de las turbulencias de nuestro mundo resulta una tarea compleja”. Por todas partes vemos cada vez más dolor y más sufrimiento, muchas veces incertidumbre y hostilidad. Un cristiano siente la tentación de lanzarse a juzgar y condenar la maldad evidente de nuestra sociedad y nuestro mundo. Pero esa sería una reacción simplista y poco productiva. El desafío que se nos plantea a los cristianos es mantener la mirada en Cristo para transformar la oscuridad en luz, el desaliento en esperanza, y el sufrimiento en reconciliación”.

“Recordamos el sermón que ofreció el difunto Metropolitano Melitón de Calcedonia el día de nuestra ordenación al Diaconado, hace cincuenta y cinco años: “No apartéis nunca vuestra mirada del Señor transfigurado”, dijo, “llevad siempre esta luz que nunca se apaga para todas las personas”. Esa es hoy nuestra misión al proclamar el Evangelio. ¿Estamos tan distraídos por los problemas y la confusión que nos rodean que nos asustamos y perdemos nuestra orientación espiritual? ¿Somos capaces de ver el rostro de Cristo en nuestros hermanos y hermanas, cuando vemos a cientos de miles de personas perseguidas que buscan de refugio entre nosotros? ¿O elegimos construir muros de protección, muros que dejan a la gente fuera, y ven una amenaza en los demás?”.

¿Invitamos a los extraños a comer en nuestra mesa?'

P: La crisis migratoria preocupa a Europa y parece que lo hará durante muchos años. Pero también ha dividido a las iglesias, entre los que se preocupan por las amenazas a su identidad y los que son más hospitalarios. En esta era que ensalza la diversidad, ¿cómo cree Su Toda Santidad que evolucionará el objetivo de la unidad? ¿Qué tipo de esperanza ve?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “La comprensión teológica de Dios en la iglesia ortodoxa es una imagen de Dios como encuentro y comunión, de Dios como hospitalidad e inclusión. Por eso el icono tradicional de Dios como Trinidad es una representación de los tres extraños –o extranjeros– bajo la forma de los ángeles recibidos por Abrahán en el encinar de Mamre, tal y como se describe en el capítulo 18 del Génesis. No los consideró como un peligro ni una amenaza para sus caminos y sus posesiones; sino que, de forma espontánea y abierta, les ofreció su amistad y su comida”.

“Como resultado de esta hospitalidad desinteresada Abrahán obtuvo una promesa que parecía imposible, a saber, la multiplicación –literalmente en la esterilidad– de esta semilla de amor durante generaciones. ¿Es demasiado esperar que nuestra disposición para dialogar y cooperar como personas de diferentes y diversas convicciones religiosas también pueda dar lugar a la coexistencia, aparentemente imposible, de toda la humanidad en un mundo en paz? ¿Entonces, a cuántos extraños invitaremos a sentarse en nuestra mesa?

“En su documento oficial sobre 'la misión de la iglesia ortodoxa en el mundo actual', el Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa, celebrado en Creta en junio de 2016, determinó que “la iglesia ortodoxa considera que es su deber fomentar todo aquello que realmente promueva la causa de la paz y allane el camino hacia la justicia, la fraternidad, la verdadera libertad, y el amor mutuo entre todos los hijos del único Padre celestial, así como entre todos los pueblos que componen la familia humana. La iglesia ortodoxa sufre junto a todas las personas que, en distintas partes del mundo, se ven privadas de los beneficios de la paz y la justicia”.

“Horizontes abiertos hacia el mundo diverso”

P: Su Toda Santidad acogió en junio el Santo y Gran Sínodo. ¿Cuál fue el resultado más importante para la iglesia ortodoxa y para el movimiento ecuménico en general?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “Fue una verdadera bendición que se nos considerara dignos de acoger –con el consentimiento de Sus Beatitudes los primados de las iglesias ortodoxas autocéfalas– el Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa, que tuvo lugar en Creta (junio de 2016). Este gran acontecimiento histórico demostró la identidad conciliar de la iglesia ortodoxa y sus enormes esfuerzos por preservar esta identidad por encima de los intereses nacionalistas”.

“En este sentido, expresamos nuestra profunda satisfacción por la decisión del Santo y Gran Concilio de mantener la apertura ecuménica y los diálogos bilaterales de la iglesia ortodoxa, ya que cualquier paso en el sentido contrario implicarían recesión e introversión en estos tiempos difíciles y perturbadores que corren. El diálogo no constituye una amenaza a nuestra identidad, sino más bien el rechazo del diálogo y el autoaislamiento estéril. Precisamente por eso también hemos alentado y promovido siempre el diálogo interreligioso con el judaísmo y el islamismo, que es capaz de aportar resultados tangibles para la reconciliación mundial y la sagrada causa de la paz”.

“La reunión sin precedentes de tantas iglesias en Creta 'abrió nuestro horizonte hacia el mundo contemporáneo diverso y múltiple. . . y destacó nuestra responsabilidad en cada lugar y en cada momento, siempre con la perspectiva de la eternidad”. (Del mensaje final) Tal y como declaraba la encíclica formal del Santo y Gran Concilio, la iglesia es «testimonio en el diálogo”.

“Adquiere un corazón compasivo”

P: ¿Cree Su Toda Santidad que el miedo es el mejor mecanismo de disuasión contra la contaminación del medio ambiente?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé escribió: “No debería ser el temor a un desastre inminente debido al cambio climático lo que nos obligue a modificar nuestra forma de relacionarnos con el medio ambiente natural. Sino que este cambio debería darse, más bien, a través del reconocimiento de la armonía cósmica y la belleza original que existe en el mundo. Debemos aprender a sensibilizar más a nuestras comunidades y a hacer que nuestro comportamiento con la naturaleza sea más respetuoso. Debemos adquirir un corazón compasivo; lo que San Isaac de Siria, un místico del siglo VII, una vez llamó “un corazón que arde de amor por toda la Creación: por los seres humanos, por las aves y las bestias, por todas las criaturas de Dios”.

El Patriarca Bartolomé ha organizado ocho simposios internacionales e interreligiosos, además de numerosos seminarios y cumbres para abordar los problemas ecológicos que afectan a los ríos y mares del mundo. Sus iniciativas le valieron el apodo de “el Patriarca verde”, además de la concesión de varios importantes premios medioambientales. Ahora tenemos el Acuerdo de París y las iglesias están firmemente decididas a trabajar por la justicia climática.

P: ¿Cómo ve el futuro de la labor ecuménica en materia de medio ambiente? ¿Cuál es la visión de Su Toda Santidad del cristianismo como una voz en favor de la transición que necesitamos para lograr un futuro sostenible?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “Estamos encantados de que el Acuerdo de París haya sido ampliamente aceptado. De hecho, participamos en las primeras etapas de la preparación de la COP 21, por amable invitación del gobierno francés. En este contexto, acompañamos al presidente Hollande a Filipinas y participamos en una cumbre interdisciplinar que tuvo lugar en París antes de la Conferencia de las Partes en diciembre de 2015. La 22ª reunión de la Conferencia de las Partes sobre el cambio climático en Marrakech fue, por una parte, motivo de celebración, pero, por otra, un doloroso recordatorio de que hoy por hoy 197 países han ratificado una convención que entró en vigor tras la Cumbre de la Tierra de 1992”.

“Pero veintidós años es un plazo inaceptablemente largo para responder a la crisis medioambiental, sobre todo siendo conscientes de su estrecha e inseparable relación con la pobreza, la migración y el malestar a nivel mundial. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por lucrarnos? ¿O cuántas vidas estamos dispuestos a sacrificar a cambio de ganancias materiales o financieras? Y ¿a qué precio renunciaríamos o impediríamos la supervivencia de la Creación de Dios? Después de veintidós años, por fin ha llegado el momento –que debió haber llegado hace mucho– de que distingamos los rostros humanos que padecen las consecuencias de nuestros pecados ecológicos.

“Y, como hemos dicho en múltiples ocasiones, “estamos todos en el mismo barco”. El cambio climático no es un problema de una nación u otra, de una raza u otra, o de una u otra religión. Solo podemos dar respuesta a las exigencias y a las proporciones del cambio climático asumiendo juntos nuestras responsabilidades como creyentes y como ciudadanos”.

“La promoción de la unidad cristiana”

P: Leemos asimismo el texto de una “Carta encíclica del Patriarca Ecuménico a las iglesias ortodoxas autocéfalas hermanas en relación con el Consejo Mundial de Iglesias” de 1952. ¿Qué significa esa carta hoy para la iglesia ortodoxa?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “Esta Carta encíclica a las iglesias ortodoxas autocéfalas de 1952 –es decir, en las etapas de formación más tempranas de la creación del Consejo Mundial de Iglesias, que también tenía la intención de animar a las iglesias ortodoxas a participar en el CMI en una época en que reinaban la sospecha y la reticencia, tal y como logró hacer en la 3ª Asamblea del CMI, en Nueva Delhi (1961)– se articula con el mismo talante con que fueron adoptadas recientemente las decisiones en el Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa. La iglesia ortodoxa no hace hincapié en un aspecto de su fe a expensas de otra religión, sino que busca en todo momento preservar la sagrada –aunque a veces delicada– simetría entre la fe y el orden, la doctrina y la disciplina, las creencias y los actos”.

“Por eso en su decisión sobre 'las relaciones de la iglesia ortodoxa con el resto del mundo cristiano', el Santo y Gran Concilio afirmó su convicción de que la iglesia ortodoxa, 'en su profunda autoconciencia eclesiástica, está firmemente convencida de que ocupa un lugar central en la promoción de la unidad de los cristianos en el mundo actual'. Además, las iglesias y obispos reunidos en Creta coincidieron en que este compromiso 'surge de un sentido de la responsabilidad y de la convicción de que la comprensión mutua y la cooperación son de importancia fundamental” si aspiramos a no poner nunca un obstáculo en el camino del Evangelio de Cristo'“.

'La contribución de la iglesia ortodoxa a la peregrinación de justicia y paz'

P: ¿Cuál es el mayor desafío que afronta el CMI, desde el punto de vista de Su Santidad? ¿De qué manera puede seguir siendo relevante el CMI para las iglesias miembros y para el movimiento ecuménico más amplio? Y ¿qué podríamos aprender de su iglesia, como parte de la peregrinación de justicia y paz?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “El Consejo Mundial de Iglesias se fundó sobre la base de la proclamación de la unidad de las confesiones cristianas en torno a su creencia trinitaria, profesando a la vez las diferencias de sus iglesias miembros. Por lo tanto, para mantener ambos polos unidos y equilibrados, es importante reconocer los principios fundamentales de la fe cristiana, y, al mismo tiempo, respetar las enseñanzas fundamentales y las tradiciones propias de cada denominación. Siempre es tentador, aunque también peligroso, defender un aspecto de uno de esos polos, y culpar a los defensores del otro de obstaculizar el proceso de reconciliación”.

“En el Santo y Gran Concilio las iglesias y jerarcas debatieron –a veces acaloradamente, aunque siempre de manera positiva– sobre la importante labor del Consejo Mundial de Iglesias, y especialmente de su Comisión de Fe y Constitución. El documento específico sobre 'Las relaciones de la iglesia ortodoxa con el resto del mundo cristiano' subraya el compromiso de la iglesia ortodoxa en la promoción de la unidad cristiana, a la vez que “contribuye con todos los medios a su disposición al avance de la coexistencia pacífica y a la cooperación en los principales retos sociopolíticos”.

“El movimiento ecuménico no es un 'consenso interconfesional', sino la adhesión a nuestra obligación y mandato de lograr la unidad cristiana 'sin apartarnos de la verdadera fe de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica'. Por eso el mismo documento conciliar concluye: 'En esta línea, la iglesia ortodoxa considera que es importante que todos los cristianos, inspirados por los principios fundamentales comunes del Evangelio, intenten ofrecer con entusiasmo y solidaridad soluciones a los espinosos problemas del mundo contemporáneo'. Esta sería la singular y valiosa contribución de la iglesia ortodoxa a la peregrinación de justicia y paz”.

'Respirar el Espíritu de Dios'

P: ¿Podría describir el movimiento ecuménico de forma atractiva para las generaciones más jóvenes?

El Patriarca Ecuménico Bartolomé: “Su pregunta aporta tanto la premisa como la promesa de nuestra respuesta. El movimiento ecuménico no es lealtad ideológica o compromiso social, no es persuasión política ni activismo mundial. Es un movimiento, y debe seguir siendo un movimiento. Es decir, siempre debe inspirarse y alimentarse del aliento del Espíritu de Dios que debe arder en nuestros corazones y en nuestras vidas. Es este Espíritu lo que nos mantiene unidos y da sentido a todos los aspectos de la vida eclesial. Es por tanto ese mismo Espíritu lo que explica nuestra adhesión a los principios y tradiciones de nuestra fe; y es el mismo Espíritu que ilumina nuestra capacidad de “discernir los espíritus de nuestro tiempo”, así como nuestra responsabilidad de dar testimonio del Evangelio de una manera profética'.

“Irónicamente, no quisiéramos aconsejar o amonestar a la generación joven. En muchos sentidos, ellos tienen más que enseñar a la generación anterior sobre la apertura y la amabilidad, sobre el perdón y la generosidad. Tal vez tendríamos que alentar a los jóvenes a mantenerse fieles a sí mismos a pesar de las fuerzas y esfuerzos generalizados por discriminar y dividir”.

“El movimiento ecuménico seguirá teniendo relevancia en nuestro mundo si volvemos a los principios fundamentales del Evangelio de amar al prójimo, alimentar a los hambrientos, y acoger al extranjero”.

*Marianne Ejdersten es la directora de Comunicación en el Consejo Mundial de Iglesias